La Propiedad Intelectual del trabajador asalariado

Es cada vez más frecuente que, en el seno de una relación laboral entre empresa y trabajador asalariado, este último, además de su fuerza laboral aporte la creación de una obra de carácter intelectual, sobre todo en trabajos relacionados con aspectos técnicos y creativos.

Sin embargo, la única previsión al respecto se encuentra en el art. 51 del TR de la Ley de Propiedad Intelectual, que se limita a regular la transmisión el empresario de los derechos de explotación de una obra que ha visto la luz en el marco de un contrato de trabajo. A mayor abundamiento, se plantean serios problemas de integración de las normas correspondientes al Derecho de Propiedad Intelectual y al Derecho del Trabajo en la medida en que una y otra disciplina se basan en principios difícilmente conciliables. Ahora bien, no se trata de cualquier obra creada por el trabajador durante el contrato de trabajo, sino de aquellas obras que constituyen precisamente el objeto del mismo. Y en este sentido, tenemos que centrarnos en que puede considerarse obra de propiedad intelectual.

Pero antes de entrar en el tema que concierne a la Propiedad Intelectual, tendremos que dejar claro cuáles son las notas caracterizadoras de la relación laboral: de acuerdo con lo establecido en el art. 1.1 del Estatuto de los Trabajadores, se considera trabajadores a quienes voluntariamente prestan sus servicios retribuidos por cuenta ajena y dentro del ámbito de organización y dirección de otra persona (el empresario). El contrato de trabajo es así el instrumento jurídico a través del cual un trabajador se obliga a realizar un servicio u obra en utilidad y bajo la dependencia de un empresario, a cambio de una remuneración.

La doctrina laboralista coincide al sostener que son cinco los elementos que caracterizan la relación asalariada:

a) es una relación personal;
b) voluntaria;
c) retribuida;
d) por cuenta ajena;
e) y dependiente

Aclarado esto, y en cuanto a lo que concierne a lo que consideramos obra, lo primero que hay que tener en cuenta es que no todo lo producido por el trabajador de forma creativa merece tener el carácter, desde un punto de vista estrictamente legal, de propiedad intelectual.

El artículo 10 de la Ley de Propiedad Intelectual es muy claro cuando circunscribe su objeto a “las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte”, de forma que a la hora de dotar a una creación del carácter de propiedad intelectual debemos de contemplar tres condiciones:

  • Deben de ser creaciones de carácter literario, artístico o científico. No servirán generalmente los modelos de invención o el know-how (que van protegidos por la propiedad intelectual) ni toda creación que no contenga alguno de estos valores.
  • Deben de ser creaciones originales. Las creaciones que sean copias de otras anteriores no desarrollarán ninguna protección de propiedad intelectual. Sí son suficientes las traducciones o arreglos de otras obras si son creaciones originales.
  • Deben de estar expresadas por cualquier medio o soporte. Es decir, no se podrá pretender proteger la propiedad intelectual de una simple idea que se haya tenido en la cabeza o que haya surgido en alguna conversación

En el caso normal, cualquier creación que cumpla estos tres requisitos se puede considerar inmediatamente y sin necesidad de registro alguno como de propiedad intelectual, y su autor tendrá acceso desde el primer momento de creación a un amplio abanico de derechos en relación con su obra, como los de publicación, modificación, cesión, reconocimiento de su autoría, etcétera.

Sin embargo, en el caso de los trabajadores asalariados la situación es distinta. Y para dar solución a esta circunstancia habrá que acudir necesariamente al régimen jurídico general que regula la relación establecida entre el trabajador – autor y la empresa, y que como ya adelantamos con anterioridad, se concentra en los cuatro primeros apartados del art. 51 del TRLPI, estableciéndose, en su apartado quinto, una simple remisión para el supuesto de creación de programas informáticos:

Transmisión de los derechos del autor asalariado” 

  1. La transmisión al empresario de los derechos de explotación de la obra creada en virtud de una relación laboral se regirá por lo pactado en el contrato, debiendo éste realizarse por escrito.
  2. A falta de pacto escrito, se presumirá que los derechos de explotación han sido cedidos en exclusiva y con el alcance necesario para el ejercicio de la actividad habitual del empresario en el momento de la entrega de la obra realizada en virtud de dicha relación laboral.
  3. En ningún caso podrá el empresario utilizar la obra o disponer de ella para un sentido o fines diferentes de los que se derivan de lo establecido en los dos apartados anteriores.
  4. Las demás disposiciones de esta Ley serán, en lo pertinente, de aplicación a estas transmisiones, siempre que así se derive de la finalidad y objeto del contrato.
  5. La titularidad de los derechos sobre un programa de ordenador creado por un trabajador asalariado en el ejercicio de sus funciones o siguiendo las instrucciones de su empresario se regirá por lo previsto en el apartado 4 del artículo 97 de esta Ley.

 En este sentido, y a modo de conclusión, un trabajador asalariado, que reúne las características que exige la doctrina para considerar que existe relación de laboralidad, tendrá que tener en cuenta estos tres puntos fundamentales:

  • La propiedad intelectual del trabajador asalariado se regirá siempre con preferencia por lo establecido en el contrato laboral, que se deberá de realizar a estos efectos por escrito. Lo que exprese dicho documento será lo válido a efectos legales siempre y cuando se respete el derecho del creador de reconocerse como autor real de la obra.
  • En caso de que no exista contrato o de que este no establezca nada al respecto, se presume que el autor cede en exclusiva su obra a la empresa con el alcance necesario para llevar a cabo su actividad empresarial. Es decir, el autor podrá considerarse como tal si lo estima conveniente, pero no podrá explotar su obra en ningún momento. La empresa por su parte, no podrá explotar la obra con fines o alcances que excedan su actividad y/o finalidad empresarial.
  • En el segundo caso, la cesión tácita conllevará que la explotación de los derechos se realice únicamente para el territorio español y por un plazo de dos años. En el primero de los casos regirá una vez más lo que se exprese en el contrato, pudiendo establecerse si así se quiere territorios y plazos inferiores y superiores.

Vicente Ferrando Coronel
Abogado Carbonell Abogados S.L.P.

By | 2017-06-26T16:13:02+00:00 junio 14th, 2017|Artículo|0 Comments

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