Cómo sobreviven los personajes de ficción a sus autores

El periodista V. Moreno de Madrid, habla en el diario Expansión de la Propiedad Intelectual de los personajes de ficción y como sobreviven a sus autores.

Los herederos de Conan Doyle quieren seguir lucrándose con Sherlock Holmes

Muchas figuras de la literatura han vuelto a la vida tras el fallecimiento de sus creadores. Este tipo de situaciones implica un acuerdo con los herederos para conseguir los derechos de las obras originales.

Algunos personajes de ficción nunca mueren. Figuras como Sherlock Holmes, Hércules Poirot o James Bond han pasado a formar parte de la cultura mundial y han sobrevivido al fallecimiento de sus propios creadores siendo reinventados por otros autores. El último ejemplo de este tipo de resurrección se ha dado con el personaje Pepe Carvalho, creado por Manuel Vázquez Montalban, que volverá a la vida en 2018 de la mano del escritor Carlos Zanón.

Aunque muchos estarán encantados por la vuelta del famoso detective privado, este resurgimiento de las cenizas plantea no pocas complicaciones legales centradas en los derechos de propiedad intelectual y los contratos editoriales. “El artículo 10 de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) no protege a los personajes per se, sino que están cubiertos de manera colateral por ser parte integrante de una obra literaria”, afirma Violeta Arnaiz, abogada de Pons IP.

Ignacio Temiño, socio director de Abril Abogados, destaca otro asunto relevante en este tipo de casos. “Un aspecto a tener en cuenta es que los personajes de ficción gozarán de protección siempre y cuando estén bien definidos y cuenten con particularidades y características propias que los hagan inconfundibles a los ojos del gran público”.

Derecho de secuela

Una vez fijado este aspecto, ambos letrados se concentran en explicar la importancia de que la editorial que decida dar el paso para resucitar a un personaje cuente con el conjunto de los derechos y así evite posibles demandas judiciales posteriores. “No existe un derecho de secuela como tal en la LPI y éste sólo se podría relacionar con el derecho de transformación que forma parte de los derechos patrimoniales de la obra. Si éstos perteneciesen a los herederos, y no a una compañía que se ocupe de gestionar estos derechos, deberían llegar a un acuerdo con ellos para poder explotar el personaje en cuestión”, apunta Temiño.

“Habitualmente, en los contratos editoriales, el autor únicamente cedía el derecho de reproducción y de distribución, únicos necesarios para la puesta a la venta del libro. Sin embargo, cada vez es más habitual que también se incluyan los de comunicación pública y los de transformación, que abriría las puerta a posibles continuaciones, guiones de cine, etcétera”, añade Arnaiz.

Por otro lado, también es necesario contar con los derechos morales inherentes a la obra literaria. Según explica la letrada de Pons IP, “esos derechos son exclusivos del autor y pasan a los herederos que, con ellos, pueden velar por preservar la integridad de la creación, pudiéndose negar a la producción de una obra derivada si esta última pudiese atentar contra la dignidad del original”.

Con estos dos derechos en la mano, ya sólo quedaría llegar a un acuerdo con el nuevo autor. Según explican los expertos, lo más habitual es que el escritor escogido deba firmar un contrato en el que ceda el conjunto de los derechos patrimoniales de la nueva obra a cambio del pago de una suma económica fija y un variable por los derechos de autor que pudiera generar el nuevo trabajo literario.

Aunque no es habitual en el mundo de la literatura, los letrados también apuntan que sería posible que un autor cerrase las puertas a secuelas y no permitiese el uso de uno de sus personajes para nuevas obras. En ese caso, el creador original debería fijar una disposición testamentaria en el que especificara claramente esa misma voluntad, para que así fuese cumplida por sus herederos.

CASOS RELEVANTES

Agentes secretos y detectives inmortales

Aunque es poco habitual que sobrevivan personajes de ficción a sus autores, este caso es muy común en las novelas policiacas, de espionaje y en el mundo de los comics. Quizá el ejemplo más palpable sea el de un personaje como Sherlock Holmes, al que han dado vida multitud de autores tras la muerte de Arthur Conan Doyle. La primera secuela oficial, sin embargo, llegó de la mano del escritor Anthony Horowitz, en 2011. Lo mismo ha sucedido con otros, como James Bond, a través de la pluma de William Boyd, y con Hercules Poirot, resucitado por Sophie Hannah.

Sin noticias de Tintín hasta 2052

Georges Rémi, más conocido como Hergé, el creador de Tintín, dejó especificado en su testamento que no quería que otros autores crearan nuevas historias del famoso reportero tras su muerte. Esta solicitud se ha cumplido de manera rigurosa, pero la editorial Casterman y la sociedad Moulinsart, gestores de los derechos de la obra de Hergé, ya han anunciado que publicarán nuevas aventuras de Tintín en 2052, para evitar así que el personaje pase a ser de dominio público, una vez cumplidos los 70 años desde el fallecimiento del dibujante.

La mejor parodia de Lo que el viento se llevó

The Wind Done Gone, una obra que se asemejaba a la famosa Gone With The Wind Lo que el viento se llevó– terminó en los tribunales. Los herederos de la autora de la obra original, Margaret Mitchell, argumentaron que en esta nueva novela, que contaba la misma historia pero vista desde los ojos de la hermanastra de Escarlata O’Hara, se usaban los mismos ambientes y personajes. Sin embargo, el tribunal destacó que se trataba de una parodia, permitida por la ley de propiedad intelectual, aunque también añadió que los herederos tenían derecho a percibir una indemnización económica.

Personajes poco definidos

La autora de Abie’s Irish Rose, Anne Nichols, demando a Universal por copiar en The Cohens and The Kellys el argumento de su creación, aunque dándole la vuelta. Si en la obra original un joven judío se casaba con una chica irlandesa contra el deseo de las familias, la película se centraba en un chico irlandés que hacía lo propio con una chica judía. El tribunal dictaminó que la película sólo copiaba conceptos universales y personajes característicos y explicó que “cuanto menos desarrollados estén los personajes, menos estarán protegidos por el derecho de autor”.

Fuente original:
POR V. MORENO MADRID
By | 2017-06-22T17:31:40+00:00 mayo 2nd, 2017|Noticia|0 Comments

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